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sábado, 12 de noviembre de 2011


-         Una cerveza, Leonor, bien helada. Cojo la gran copa con dificultad y la mano izquierda temblona.
No te preocupes, mujer, no se trata (todavía) de parkinson, sino de una caída con réplicas. Te explico, iba caminando ayer por una calle típica de este lugar, llena de altibajos y baches. Iba pensando justamente en lo que me podía ocurrir  y ¡ZAS! Al suelo. Al comienzo creí que no llegaría al suelo, pero no logré equilibrarme, aterrizando en rodilla, antebrazo, manos. Menos mal, la caida hacia delante es menos traumática. Me sacudí enérgicamente, vi que las raspaduras sangraban apenas y seguí. Mientras estuve sentada en la reunión de viejitos a quienes se nos entregaría un medidor de glicemia para nuestros respectivos grupos, sentía el dolor de las partes golpeadas. Caminé de regreso las 7 cuadras sin problema. Pero a poco de llegar a la casa, me di cuenta que no podía usar la mano derecha, muy hinchada y con mucho dolor. Vendaje y vamos aprendiendo a usar la izquierda. Amanecí con la derecha bastante deshinchada y ahora hasta puedo usar el teclado. Pero los dedos centrales de la mano izquierda están casi inmovilizados y me duelen bastante los hombros. Nunca me había ocurrido eso de efectos en cámara lenta y mientras levanto la copa para tomar la cerveza, apenas la sostengo. Una se pone cada vez más frágil con el tiempo. Entré al lugar del patio destinado al perro para ordenar un poco y darle su comida de la noche. Como siempre, me saltó encima, raspándome la mano derecha con las uñas hasta hacerme sangrar. En eso, cayó la aldaba de la puerta que acababa de abrir y quedé encerrada. Para la risa. Tuve que reunir fuerzas para trasladar un banco largo y pesado hasta la división del patio. El perro se obstinaba en trepar al banco. (Es el lugar donde duerme en verano) Al final, pude arrimarlo a la división y trepar con mucha dificultad para llegar al otro lado y destrabar la puerta. No sé por qué te cuento esto, mujer, sospecho que estoy haciendo tiempo para dilatar el  momento en que tengo que redactar una frase adecuada para un concurso de comparsas barriales en esta comuna condenada. Mañana lo haré como sea, pero ahora no quiero pensar en nada y gozo de la libertad que se siente en este lugar, sin que nadie del mundo de afuera se aparezca a molestar ni decir que ya es tarde. Hoy las horas son mías y ¡tráeme otra cerveza Leonor, por favor!

lunes, 24 de octubre de 2011

Herr A. viene de visita





Leonor me advierte que en la mesa me espera un señor con nombre alemán. Miro hacia el rincón y allí está. Levanta su copa de whisky con un guiño cómplice. Me dirijo a la mesa. Se levanta, saluda con un anacrónico pero familiar entrechocar de talones y advierte que no es necesario que se presente, ya que somos antiguos conocidos. Es cierto. Primero he sentido un rayo de frío recorriéndome la espalda, luego he pedido a Leonor un pisco sour triple y una porción de queso de ese tan prohibido, mantecoso, blando, invitante para equilibrar el ácido del limón.

La cara de Herr A. tiene algo de cítrico, empezando por la piel, siguiendo por la nariz insolentemente respingada y los ojos gélidos, que emanan una maldad de máscara de teatro chino. Si, esa cara la he visto por ahí. Por alguna razón que no capto, esperaba este momento como algo entrevisto hace muchos años. Su cara, su aspecto es el resumen de muchas otras que se han unido. El cabello escaso y que fue amarillo limón en la juventud, conserva trazas del color original, veteado de blanco, dándolo el aspecto de ser teñido. Los bordes de la camisa blanca están bastante deteriorados, la chaqueta luce brillante por efecto del tiempo desgastando la tela azul. No sé cómo ilustrar esta escena, quizá acudiendo a imágenes de viejos conocidos que tenían su aspecto…
Se está bien aquí (después de beber el triple de unos sorbos apresurados y de haber pedido otro). Los detalles se nublan, se parece flotar en el aire y se recuerda la frase de un médico que anunciaba una verdad:
“No se trata de resignación, sino de aceptación”.
Miro a herr A. y bebo a su salud y a la mía, aunque sea escasa la que queda.

(Todo esto se originó hace unos momentos: Estuve un buen rato pasando la aspiradora por la sala, me parecía que el aparato no funcionaba como en sus mejores momentos; tarde me percaté que no había conectado la manguera a la fuente de poder.)

Al terminar el segundo pisco sour triple, descubro que el señor alemán ha venido para quedarse.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Septiembre




- Buenos días, Leonor. Por favor un whisky con jugo de naranjas, 3 gotas de bitter y tres cubos de hielo, unas aceitunas y galletas saladas. Pide además, algo de Fauré al piano, mientras el perfume del jazmín del patio inunda el aire.

En Chile, septiembre era el mes de los volantines, la celebración de "fiestas patrias", sabor de empanadas y vino tinto, fondas y ramadas. Pero, para la gente de mi generación quedó convertido en un mes maldito, aniversario hoy del golpe militar que cambió totalmente la vida que existía hasta esa fecha y convirtió la "parada militar", el desfile de las fuerzas armadas, en un espectáculo siniestro, recuerdo de cuando esas mismas fuerzas le hicieron la guerra al país entero.
Hoy se recuerdan los diez años del derrumbe de las torres gemelas de Nueva York y eso ha llenado las pantallas de la televisión nacional, dejando a un lado el aniversario nuestro y la vergüenza de que una de nuestras principales calles todavía lleve el nombre de "11 de septiembre" pues el eternizado alcalde de la comuna de Providencia, fue y es partidario de la dictadura. Hasta el Mozart llega el sonido de las campanas que señalan la hora: 1 de la tarde de domingo.
No puedo evitar el recuerdo de ese año 1973, cuando en las universidades estatales se estudiaba sin costo, cuando la industria nacional florecía y las conquistas sociales de los sindicatos se respetaban sin imaginar siquiera que un desastre las borraría de un plumazo.

Y es también el aniversario del funeral de  mi abuela Bice Giuseppina María Foschini Costa, el miembro más antiguo de la familia, un día después de su nacimiento, allá en Nervi, vecino a Génova, donde ella soñaba regresar algún día.

Y también es el recuerdo de aquel inmenso cordero que engordaba con felicidad en los jardines de la fábrica donde yo trabajaba y que estaba destinado a los gaznates de los celebrantes del 18 de septiembre (día de fiesta nacional) en 1973. Yo me había prometido que no probaría su carne en la celebración, sólo ensaladas, y derramaría unas gotas de vino en su honor, en el lugar donde él se alimentaba sin conocer su destino. ¿Dónde fue a parar el cordero aquel? Me gustaría pensar que no fue el enemigo quien se alimentó de su vida.

Se me ha terminado el whisky, las galletas y las aceitunas, Amadeo ha dejado de tocar. Salgo a la calle, pasa un vehículo animando a los ciudadanos a acudir al circo. (Septiembre es también el mes de los circos) Regreso al domingo 11 de septiembre de 2011 y enfrento la realidad de hoy mientras una lluvia de pétalos de flores de ciruelo hace una alfombra en el pavimento.


viernes, 9 de septiembre de 2011

Tareas pendientes


Vengo al café en busca de inspiración. Tengo tarea para mañana. Aunque tuve toda la semana para prepararla, no era asunto muy inspirador.
 Tengo que encarnar a la Bella Durmiente (jajajajaja) que ha decidido salir a caminar dormida por el mundo porque nadie se digna despertarla. Se supone que por insoportable. Entra a la casa de Don Quijote, éste considera que vale como un príncipe y la besa. La Bella abre los ojos, lanza un grito y sale corriendo despavorida. Después de muchas peripecias en la trama, regresa y pide disculpas por la descortesía que tuvo y tiene que dar a entender cuán mimada y exigente es.

- Leonor, dame una Beck's bien helada, y dile a Amadeo que ....no, no le digas nada. Está durmiendo acodado en la barra, tiene un whisky a medio tomar y el cigarrillo quemándose en el cenicero. Es mejor el silencio, hay tanto ruido allá afuera que se aprecia un poco de paz. Además es tan agradable estar en el limbo, sin pensar en nada, bebiendo algo y dejar las tareas para unas horas más.



jueves, 8 de septiembre de 2011

LUGARES COMUNES, LATIGUILLOS Y REFRANES





Tuve un compañero de oficina que se pasaba el día entero emitiendo frases hechas y lugares comunes; no había quien lo parara porque los lanzaba tanto en el trabajo como en cenas y funerales. Como fuimos vecinos de escritorio por años, poco faltó para que se me produjera una o más úlceras.

Lo peor es que los l.c. se pegan como chicle, es así como todavía recuerdo a una anciana del grupo de poker que emitía eso de “libre de polvo y paja” y en el juego de canasta gritaba: “¡Me voy y que fue!” ; don Enrique miraba el cielo invernal y ronroneaba como gato porfiado: “negros nubarrones se aproximan”.

Me parece que los funerales son lo peor: “la delantera no más nos lleva”, “ayudándole a sentir”, “mi más sentido pésame”, “yo le decía…”. Como que se paran los pelos.

En cierto grupo en el que participo, apenas contaminado o mejor dicho, salpimentado por algunos eventuales refrancillos, apareció un nuevo integrante que los lanza a chorro, adobados con chistecillos obvios, bromitas ordinarias y otras variantes. Pongo cara seria porque no me queda ánimo para una sonrisilla obsequiosa y aguanto como puedo.

Hay quienes se quejan de la pérdida del idioma que se produce en casi todas partes debido al lenguaje taquigráfico de los nuevos medios de comunicación, que simplifican el idioma, quitándole sus larguras envaradas, evitando las fórmulas kilométricas para expresar lo mismo en cuatro letras. En una frase cualquiera se cuelan términos usados o escritos por otros que, de tanto leerlos, se han adherido a nuestra habla cotidiana. Entonces las palabras nos parecen añejas, sobajeadas, superficiales, mecánicas, despojadas de su primitivo significado.

Tratamos de evitar los l.c. pero no es fácil porque nos obliga a dar rodeos y pensar antes de soltar la frasecita que quiere salir sola.

Es la peor plaga, pero, cada uno de nosotros, ¿estará libre de polvo y paja?

jueves, 11 de agosto de 2011

Jueves en blanco





En este jueves en que no fui a clases y me quedé haciendo nada en casa, no me quedó más remedio que consolarme con un trago. Explico, Elvi, que el manhattan es: una parte de whisky, una de vermouth dulce o seco, hielo y cáscara o torreja de limón. Si el vermouth es seco, se acompaña con una aceituna verde; pero si es dulce, con una cereza al marraschino.

Estos dos últimos días han estado perfectos, sol y temperatura agradable al exterior, pero, en lugar de estimularme para salir, he permanecido aquí haciendo proyectos pero sin intentar ninguno. Lo malo del asunto es que por las noches paso revista a todo lo que no he hecho, me arrepiento y proyecto hacer una serie de trabajos al día siguiente y no puedo dormir. Como lectura inductora del sueño, he estado leyendo un libro sobre James Joyce, escrito por Francesca Romana Paci, muy clarificador con respecto al libro "Ulises", bastante difícil de leer, pasados los primeros capítulos. No es precisamente una lectura inductora de sueño. Buscaré esta noche algo aburrido. Recuerdo con agrado aquellos días en que leyendo, de pronto me encontraba repasando varias veces la misma línea, señal segura del sueño. Y uno de los recuerdos más agradables que tengo es la primera noche después de una operación, cuando me dieron un hipnótico potente para dormir y superar los dolores. Me encontré en medio de una frase y no sabía como terminarla, de pronto estaba sumergida en una nube, era muy agradable eso de estar balbuceando sonidos tratando de transformarlos en palabras, pero ya no importaba nada y la sensación era irse en alas del sueño. Hubiera deseado que ese estado se prolongara más, eso de estar en una especie de limbo, suspendida, calmada, ingrávida, fue lo más parecido a la felicidad que recuerde.

Puse unas fotos de la mañana de hoy, tratando de esquivar el sol. 

viernes, 5 de agosto de 2011

Primeras flores y un manhattan (doble)

 Esta mañana vi florecido el aromo de la bajada
desde el estacionamiento; fuera de casa han
brotado unas violetas, todavía no he leido el folleto
de la máquina, a eso se debe los malos enfoques.

Si, me siento culpable de no darme y tiempo y el
trabajo de leer y estudiar el condenado folleto.

Hoy era la última reunión de un comité convocado a
intentar el mejoramiento de la comuna en vísperas de su bicentenario en 2018. Los múltiples proyectos se ven reducidos a frases clichés que resultan de mezclar en una batidora toda una gama de colores, resulta una mezcla casi incolora, desabrida e uniformada. Siguieron tentativas para destacar algunos puntos, algunos colores olvidados, perdidos en el camino; quedaron consignados por cumplir.

Resultado: cierre de una serie de reuniones tendientes a que ciertos grupos o personas expresaran sus propias opiniones para ser licuadas en un conjunto de lugares comunes.
Oh, el vil dinero, nada de vil, el maravilloso dinero que solucionaría todo el asunto si todos nosotros pudiéramos cambiarnos a otra comuna civilizada, donde casi todos los problemas se han solucionado, donde vivir puede ser un agrado, en lugar de una tortura diaria, una agresión visual y acústica constante, un irrespeto a los derechos humanos (y animales) sempiterno. Ya me he tomado la mitad del manhattan y me siento más optimista, las cosas podrán mejorar, quizás en otra generación, considerando que  cuando vivía en barrios más civilizados, añoraba las ciudades con historia, civilizadas y con lo mejor de los mundos al alcance de la mano.
Elvi, tu haces demasiado y tus esfuerzos dan fruto, en esos ojos, en esas sonrisas de reconocimiento y agradecimiento. Será tiempo de descanso cuando el cuerpo y la mente hayan dejado de funcionar, por ahora, cuando el tiempo se hace tan corto, hay que darle al pandero mientras exista el impulso y el interés.
Sabemos que Marsa nos deleita con sus escritos desde su blog, Rolando-Galvarino aparece de vez en cuando con sus poemas y sus escritos, pero ¿Fidel? es un meteoro a quien le gusta que los demás se expongan, pero él no suelta prenda. Dime ¿quién eres tú? ¿No es el momento en que te presentes?
Ya se me terminó el manhattan y estoy saboreando la cereza, en consecuencia, termina mi intervención aquí.

Cariños a todos

miércoles, 27 de julio de 2011

Desde el centro del invierno

y acabando de leer el pronóstico para los próximos días: nublado, nublado, nublado y lluvia, esta mañana aproveché unos rayos de sol inseguros para recoger unas violetas y tráerselas a Leonor para alegrar mi mesa en el café.
Afuera, todo está en receso invernal. no hay quorum para las reuniones, tampoco para las clases, habrá que recogerse en si misma como un caracol.
Como siempre en los últimos días, la chica me trae un vino caliente con naranjas y canela, para hacerle frente a la temperatura.
Estoy preparando la última edición de Palabr@s, que debe aparecer antes de que termine el mes. Apostaría a que ninguno de ustedes lo lee y lo comprendo, es tanta la avalancha de textos, revistas, blogs, informaciones, que no hay muchas posibilidades de ser leídos. Tampoco yo avanzo más de un par de textos en las revistas literarias o queriéndolo ser, que aparecen como callampas.

Mañana tendré que dejar todo listo, por ahora, para animarme, le pido a Amadeo que toque algo de jazz de los años 20-30 mientras termino el vino y me despido de ustedes.

viernes, 22 de julio de 2011

Desencuentros

Leonor me miró desde lejos, se metió en la cocina y reapareció casi de inmediato con un jarro de vino "navegado", ideal para el frío. Muy bien recibido, por cierto. Vuelvo de un acto en la biblioteca local, donde se había preparado un homenaje al poeta Pablo Neruda, a cargo de uno de los profesores del taller de poesía de la fundación. Apareció el conferenciante provisto de una bolsa de tela llena de papeles, cuadernos y carpetas, dispuesto a cumplir con su cometido, previa proyección en una pantalla de su trayectoria como poeta y profesor de literatura. Antes de iniciar el acto, le entregué un ejemplar de nuestra revista, dedicada justamente al homenajeado, lo cual le sorprendió levemente. Además, le entregué un ejemplar de mi libro, dedicada de lleno a lo "que debe hacerse".
Comenzó el acto, conté sólo 17 espectadores, entre los cuales había funcionarios de la biblioteca al pie del cañón, más un escritor, una tallerista literaria y alumnos varios, más un infiltrado (la persona que me acompaña).

El relator comenzó con su exposición hablando de sus experiencias como profesor de niños y adultos y se explayó en anécdotas y técnicas personales, analizó algunos textos, todo fue bastante interesante. Pero, nada sobre el tema al que había sido convocado.
Cuando ya daba por terminado su trabajo, una de las funcionarias le "recordó" el tema de la convocatoria ¡oh cielos! Entonces, dijo algunas apresuradas palabras sobre el poeta, pero yéndose cómodamente por la tangente. Quizá no le explicaron bien lo que deseaban de él, quizá el no "pescó" el mensaje....

Entonces, con el vino caliente entibiando las manos, recuerdo las visiones reales relacionadas con el poeta, son muchas y se entrelezan como en una red de pescadores, recuerdo a un lejano primo poeta y su mujer poeta y la cercana relación que tenían con él, recuerdo su triste funeral, recuerdo su funeral "definitivo" pasada la dictadura y me queda una sensación frustrante, pero que se va diluyendo en el vino endulzado de naranjas y se pierde en el recuerdo de los días pasados.










lunes, 18 de julio de 2011





Tarde muy fría. Casi nadie en clases hoy. Hablamos del “Mundo feliz” de Huxley, pasamos al cine de Werner Herzog, Bertolucci, Ingmar Bergman, Ettore Scola, de los tiempos en que después del cine se metía una en un café para comentar la película con los acompañantes, tiempos más atrás del calendario, cuando comenzaba el Cine Club Universitario y cuando se tenía acceso al cine no comercial, como las locas películas de Norman MacLaren, las de dibujos animados polacas o rusas, pura poesía, nada que ver con las americanas, hablamos de la Biodanza, de Rolando Toro, su creador, de sus comienzos, etc. Recordé al instructor chileno, alumno de Toro e instalado en Viena, junto a su pareja cantante de ópera…

En fin, terminamos temprano y ahora estoy arrimada a la estufa tomando un buen vino caliente, con sus cáscaras de naranja y palitos de canela, mientras las manos se van entibiando al ritmo rojo del vino que circula por el cuerpo invernal, cuando nos vamos acercando al fin de julio y en unas semanas comenzarán a salir las flores del aromo y los días se alargarán hacia el sol.

Ya sólo me queda un sorbo de vino y pienso en Berlín donde está Fridolín gozando del calor humano, en Marsa con una pregunta: ¿Existe un museo Miró en tu ciudad?, pienso en Elvi y sus talleres inspiradores para viejitos, me acuerdo que debo memorizar un libreto y tengo que seguir releyendo un libro que me está ya dando rabia y  se los comentaré después…



jueves, 30 de junio de 2011

Sólo me queda la cereza del manhattan dulce

y así, sumergida en el alcohol, es cuando vengo a café a justificarme de alguna manera ¿es que siempre se busca una justificación? Las últimas gotas de la copa se deslizan suaves, inexorablemente últimas, sin posibilidad alguna de renovación, porque se sumarán al vino del almuerzo, a la copa de bajativo - el licor de café - y esta tarde tengo que contar un cuento ante unos ojos de auditoría destinados a definir el destino de un cursillo de cuentacuentos con pocos alumnos y si meto más las patas de lo habitual, capacito que influya en el futuro esplendor del cursillo mentado.

He puesto una foto del muy ordenado bar de una amiga, que tiene la suerte de tener espacio en su casa para las copas, aunque varias se entrechocaron en el último terremoto y fuéronse a la cresta de la loma.

Amadeo toca unas variaciones para piano de "La flauta mágica" y se me va la fantasía a Alemania donde debe andar Fridolín en Berlin, muy ciudadano él, mientras recuerdo la breve estadía en Munich, cuando planeaba ir a Dachau, pero tuve cierta piedad de mi acompañante y nos fuimos a destinos más amables, a un parque donde se hacía surf de acequia, una señora paseaba a su perro en un coche con toldo, mientras le conversaba, unos chicos jugaban beisbol en el pasto, verde que te quiero verde, más verde de lo nunca visto, donde en el restaurant central, tipo picapiedra, unos alemanes descomunales devoraban pescados desmesurados, blandiendo enormes jarros de cerveza y los mozos, de pantaloncito corto, cráneos desprovistos y panzas importantes, deambulaban afanosos entre los trogloditas aquellos. Caminamos kilómetros en el tal parque intensamente verde hasta que desembocamos en un sitio civilizado donde bebimos una cerveza fortísima, después de haber escuchado un trio de balalaikas que nos devolvió a la vida. Recuerdo haber sufrido un ataque depresivo provocado de tal cúmulo de alemanidad, que sólo pudo ser exorcizado en un restaurante italiano a orillas del ¿Isar? ya no recuerdo.

Ahora bebo la última, última gota del manhattan, se acercan las dos de la tarde y no queda más remedio que marcharse de este café, que ya me está pareciendo un confesionario.

Saludos cordiales a quien se atreva a pasar por aquí a la hora que sea.



viernes, 24 de junio de 2011

Ésta es la única flor que brota en estos días



Una cerveza a pesar del frío he tenido que pedir para no echarle demasiado alcohol al cuerpo.
Ya pasamos el día más fffrrrriiiiiooooo y más corto del año y aquí estoy con chaqueta y gorro de lana sentada frente al teclado. Los mapuche de la comuna están en plena celebración del “We Tripantu" que consiste en que por un día entero se reúne la comunidad para celebrar el cambio de estación y se comparten ceremonialmente sus comidas y bebidas tradicionales. Justamente hoy, su representante nos relataba los problemas que han tenido al no contar con una sede propia donde puedan realizar sus actividades con seguridad. Ya en dos lugares han procedido a la plantación de un canelo, su árbol sagrado (ese al cual el presidente del pais llamó “laurel”, entre sus múltiples metidas de pata oficiales) y en las dos oportunidades, manos anónimas los han arrancado. Somos tercermundistas pese a desesperados (inútiles) intentos por evitarlo y nos helamos de frío en invierno porque en todas partes donde nos reunimos no hay calefacción (excepto en bancos y malls).


En unas horas más, me meteré en la cama, provista de bolsa de agua caliente y leeré un poco (es la hora más agradable del día) hasta que se me congele la mano que sostiene el libro y la cara. Todo se podría solucionar con una linterna o lámpara especial para introducir bajo el edredón, siempre que resistieran los músculos la posición forzada. 0h, hubo un tiempo – corto – en que el departamento donde vivía tenía calefacción central (pero también los hubo – largos – cuando no tenía agua caliente para la ducha).

Mañana tengo que levantarme temprano para una clase donde voy de “espía” y tengo que imprimir la última revista virtual para mostrar. A propósito, necesito material para este mes: poemas, comentarios, relatos, cuentos, etc. Fidel:¿por qué no me envías un par de poemas? Marsa: ¿podría robarme algo de tu blog?, Elvi, buena idea si me enviaras algún texto.

Cariños a tod@s

viernes, 27 de mayo de 2011

Quizá la felicidad consiste


en  barrer las hojas del ciruelo

mientras el perro viejo se calienta al sol

los gatos se relamen después de comer

y una copa de anís

espera en la sala

domingo, 10 de abril de 2011

Un café al pasar

Y pasar a la carrera en una noche fría preludiando el otoño que aún no se había manifestado, viniendo a saludar a las sillas y las mesas del café, pedir una cerveza a Leonor y saborearla poco a poco (ya que era la última de su provisión), mientras miro el reloj que me recuerda que tendría que estar en otra parte haciendo otras cosas que han quedado postergadas.
Ya no sé que pasará con este café, es posible que se convierta en otra cosa; por ahora está con su puerta entornada, en las cubiertas de las mesas descansa el polvo de los días, el piano está cerrado, Werner no ha venido más.
Pienso en alguna razón para celebrar. Y bueno, encuentro una, pero es personal. No importa. Se trata del cumpleaños de mi hija, es mañana y no quiere una celebración tradicional, quiere salir al campo. Ay, el campo me pone triste, ignoro la razón.
Lo más cercano a la naturaleza que conozco son los pocos centìmetros de tierra con que cuento alrededor de mi casa para plantar lo que se contente con poco y absorba los gases de los motores de los vehículos que hacen vibrar la pequeña casa cuando pasan. Mañana entonces, iremos a algún lugar alejado para celebrar un aniversario más de una llegada al mundo.

domingo, 13 de febrero de 2011

En veremos

Todavía provista de gorro y antiparras (para podar, pues ya me clavé una espina de cactus en el ojo), me he sentado a descansar a mediodía y beber algo reparador: drambuie y champaña, acompañado de tostadas con hummus y aceitunas.
Como ven, estoy cada vez más alcohólica. ¿Será influencia del café?

Ayer encontré a una conocida mientras andaba de compras.
-¿Qué has hecho en todo este tiempo?
- Nada, ¿Y tú?
- Tampoco.
Y nos miramos con una mezcla de culpabilidad y complacencia. Es verano. viene el relajo del dolce far niente, como quien mira agitarse el mundo desde el balanceo de una hamaca.

Tanto como no hacer nada, no, por cierto. Tienen que ser atendidas aquellas cosas inevitables como arreglos domésticos, revisión técnica del cuerpo, tan dejado de lado durante el resto del año, pagar impuestos. Pero tales asuntos no cuentan como "hacer algo". Hacer es planear, emprender, desarrollar algo propio al que dedicar la energía disponible y que se deja para el tiempo frío, no se hace ahora en que se goza del calor de las noches casi tibias, los días largos, las siestas.

Estamos "en veremos" como decían antes, en recreo, reservando energías para después, (aunque ese después no llegue nunca). Por ahora no importa, mientras podamos paladear el trago favorito bajo el sol y más tarde bajo las estrellas.



domingo, 23 de enero de 2011

Mientras se toma un trago por la tarde, apenas entrando en la noche


 Me estoy tomando un "clavo oxidado" horrible nombre para la unión de una parte de drambuie y otra de whisky. El barman le puso demasiado hielo para que no me alborotara la pensadera.
 Estas fotos son del bar de la casa de una amiga que nunca se aventura por aquí porque internet y ella no se hablan. Tiene demasiadas cosas en que ocuparse para que le alcance el tiempo para esto.
 No he salido casi de casa, de manera que el día se compone de ver, por ej. cómo se abre una flor de cactus y cómo decae en la misma tarde, en ver a la misma tórtola instalada en un cable de la calle, a la misma hora siempre, el sol de la tarde dándole colores que no tiene, el paseo diario del condenado perro, el riego de las plantas, mejor dicho: los matorrales.

Y el perfume de esas flores llamadas dondiego de la noche, que se abren cuando se va el sol y se van cerrando cuando vuelve por la mañana y el perfume trae a quien me regaló las semillas hace tantos años, advirtiéndome que se propagaban por todos lados.
Así ha ocurrido y por todos lados salen y alegran la tarde con sus colores. Ay, maestro Rafael, que se me ha ido entre los dedos, ese hombre encantador, inolvidable a quien no pude convencer que escribiera sobre si mismo, sobre esa vida suya tan rica en sensaciones, un poco maniático, claro está, pero esos son detalles.


domingo, 2 de enero de 2011

Algo nuevo

Con un agapanto recién plantado y lejos del perro destructor, inauguro el año nuevo
del patio, tratando de ordenarlo un poco.


Leonor me trajo una cerveza helada para descansar, mientras tecleo con precaución porque una inevitable gotera del 2011 me está trabando la mano derecha. Sin embargo, a la vez siento la alegría de poder escribir aún con ella.



Se hacen planes para la próxima temporada, como si fuera un trozo de vida separado que se puediera coger con pinzas y limitar sus fronteras. Por mi p.arte, acabo de hacer uno: me propongo escarbar en el archivo y resucitar algunos poemas y fabricar con ellos un librillo para distribuir entre algunas personas. En el fondo de los fondos es un pretexto para elegir algunas fotos o monos y armar un simulacro de libro como para hacer algo con las manos, herencia de los años escolares en que justamente, evadía la clase de "Artes manuales" a través de anotarme en el coro del colegio, que me permitía el truco.

¿Por qué no hacen ustedes lo mismo?

domingo, 28 de noviembre de 2010

Domingo al mediodía

 



Descanso con un vaso de vino con frutillas, algunas aceitunas y queso


 Gritos, llamados de zorzales (no se le puede llamar canto) mientras se comen las últimas moras del árbol.

 Ya no quedan pájaros  pequeños. Luego vienen las tórtolas para expulsar a los zorzales y por último llegarán las palomas que son las ganadoras por tamaño.
 También han llegado  bandadas de loros pequeños, bulliciosos en extremo.


Construyen nidos comunitarios enormes, como un edificio de departamentos.
Se conviertan en real contaminación acústica por las tardes.



 No he logrado fotografiarlos aún.

 Fucsia colgante
Tréboles

viernes, 26 de noviembre de 2010

Verano en la terraza



A eso de las seis de la tarde, estuvimos instalados en "La Terraza" un trozo de calle con mesas y toldos, bebiendo jugos en plan saludable.

Fue gratísimo encontrar a este sobrino escurridizo que en su viaje anterior se hizo humo.
Estuvimos conversando un buen rato sobre nuestros respectivos lugares habitables.




Por coincidencia a ninguno de los dos nos gusta nuestro habitat y al parecer, ambos estamos atados a dicho lugar por alguna razón u otra.



A dos cuadras de donde estábamos, se sitúa la casa donde viví hasta los 19 años, ahora es una oficina de algo.
Recuerdo haberla odiado, sin embargo ahora quisiera poder vivir allí a pesar de lo fea que es y de los defectos que tiene.

Ahora recorro las calles del sector y me parecen ¡tan civilizadas! en comparación.



Espero de veras muy querido amigo Rolando-Galvarino-Fridolin-Jaime
que encuentres una compañera que transforme tu pequeña ciudad andaluza
en una parcela del paraíso.

domingo, 7 de noviembre de 2010


Llueve en domingo después de un día de intenso calor. Se supone que hoy llega Galvarino a Santiago. Ojalá pueda verlo. Como a veces la lluvia puede ser tan hipnótica como el fuego, me distraiga viendo caer el agua y pienso vagamente en todo lo que tengo que hacer antes de que se me venga encima el lunes, apretado de cosas como una serpentina sin usar.
Nada de alcohol por ahora. Sólo un té para distanciar el día oscuro.