Laura, tu empujoncito me ha impulsado y ha puesto en acción el ventilador sin responsabilidad alguna de tu parte, obviamente. El silencio me ha parecido en este caso un silencio cómplice y no quiero ni por omisión ser cómplice de lo que sucede. Sin dudas estamos en otros tiempos en los cuales nadie aguanta pelos en el lomo, lo que me parece hacía falta después de la última presidencial. Sin embargo se me hace difícil con qué tema empezar: “letra chica”, la Polar, hidroaysén, la educación, anuncios de días mejores para los chilenos que sólo quedan en eso precisamente, ver la paja en ojo ajeno solamente, uf… para qué seguir,… el reiterado pregón de lo inmaculado y excelencia de unos con respecto a los otros…etc. Lo único verdadero que se dijo fue eso de “la otra manera de gobernar” que a mi juicio no ha sido mejor que las anteriores.
Lo último –que realmente “es lo último”- es el torpe diálogo sostenido por el ministro de justicia con la Corte Suprema, a propósito que este último manifiesta su deseo de fijarse en los fallos de los candidatos a ministros para resolver acerca de su nombramiento; ha dicho para colmo que se fijará en los antecedentes que se acompañan a las propuestas correspondientes, esto es una obviedad, que como se dice “lo obvio, por obvio, se calla”. La Corte Suprema ya ha manifestado su pensamiento al respecto, abriéndose así un nuevo flanco débil en el gobierno. Me parece que se ha metido el Ministro de Justicia en una camisa de once varas, lo que ya es una conducta generalizada de varios otros ministros.-
La perspectiva desencantada de elegir entre dos candidatos que entusiasman a muy pocos no es nueva. La vivimos en Chile hace un par de años y se ha experimentado siempre en toda elección. En ocasiones, entre los postulantes ha habido gente de verdadera valía, pero “nadie los conoce” , no son taquilleros, no recorren el país repartiendo promesas, apretones de manos, abrazos, besos, regalos, tampoco lo harían porque se trata de gente quitada de esa bulla, con poco estómago para la farándula y además, sin dinero para derrochar en semejante parafernalia.
¿Hay alguna manera de corregir esta dictadura, este aplastamiento de la opinión pública a fuerza de inundar de propaganda mentirosa a la masa de electores?
Se podría probar con la estandarización de la propaganda: igual espacio, igual gasto para todos, la misma cobertura a través de todos los medios, idéntico tamaño de los carteles. A quien resultare vencedor en la elección se le controlaría el cumplimiento del plan prometido durante la candidatura, llegando a su destitución en caso de fallar en forma notoria.
No debería extrañarse nadie de la poca participación de quienes no se sienten representados por ningún candidato y se niegan a tomar parte en un juego perdido de antemano.



















