Se ha producido un error en este gadget.

sábado, 13 de abril de 2013







Vengo a hacer un comentario ocioso, políticamente incorrecto, bastante decadente, producto de diligencias hechas a pocos pasos de aquí. Comencé por hacerme los primeros de una serie de exámenes médicos, acudiendo a un centro de salud de la comuna, aun sabiendo que la calidad del equipo que poseen es dudosa. Pero la perspectiva de un largo viaje a otro punto de la ciudad, me cansa de solo imaginarlo.

El sistema para ser atendido no es fácil, ya que hay que acceder a través de diferentes numeritos con indicaciones poco claras. Las funcionarias no se destacan por su amabilidad y tampoco (¡oh, frivolidad!) por su aspecto. Soy vieja, fea y mal vestida, pero me gustaría que el personal fuera joven y atractivo. No se puede negar que hay gente que es un regalo para la vista y levantan el ánimo y otras un atentado a la estética. Por fin me llamaron por citófono para el primer examen, pero sin identificar el número de puerta. Pregunté en varias partes sin resultado, hasta que alguien me supo indicar. El lugar es nuevo, pero ingrato en su diseño, sin ventanas, más se parece a un subterráneo.

La persona que me atendió – sin identificarse – no parecía muy ducha en atender público. Una barba incipiente trataba de darle seriedad a un rostro de recién egresado (si es que…). Finalizado el examen, me quitó un par de parches que había puesto para colocar los electrodos de un ecocardiograma.

Partí a un segundo chequeo. Unas radiografías. Mientras me preparaba en una pose complicada, llamaron por teléfono al funcionario. Larga conversación. Al finalizar ésta, resultó hacer las tomas. Me preguntaron si había sido operada de algo en el abdomen. Negativo. Me revisé por si acaso. Oh, el primer examinador me había dejado puestos dos parches con parte metálica. Todo otra vez.

Este centro está dirigido a la gente del nivel C3 y D, al que pertenezco. Es un servicio privado. Los centros públicos pueden ser peores. Hace décadas, mi hijo murió al serle rechazada la internación en un hospital público.

Con bastante más dinero y tiempo puedo viajar a un sitio idóneo, de muchísimo mejor aspecto, buen diseño, adecuada aireación y personal (mas o menos) eficiente.

Hay gente que piensa que todos deberíamos tener acceso a la misma atención de salud. Una ilusión. En los lugares poco favorecidos de la ciudad, no hay respeto a los derechos de los ciudadanos entre ellos, nadie recoge la basura de las calles, pues todos consideran las aceras como basureros, cada nuevo mobiliario urbano es recibido a pedradas, cada muralla recién pintada es una invitación a ser ensuciada de inmediato, cada arbolito recién plantado… etc.

Si un grupo de gente de ideas afines decide agruparse y formar una comunidad y lo logra, recibirá en respuesta la discriminación y los ataques de la vecindad. Pero, bien vale la pena intentarlo.


martes, 9 de abril de 2013




Las últimas bignonias al sol tibio de abril son una despedida del verano