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domingo, 13 de marzo de 2011

INOCENTES

No puedo poner imágenes porque tienen copyright. El vocero de un grupo terrorista se enorgullece de la exitosa misión de uno de sus militantes, gracias a la ayuda de Alá. Amparado por la oscuridad, penetró a la fuerza en la casa  de una familia judía, asesinando al  padre que dormía junto a su bebé de 3 meses, a la mujer y a otros dos niños pequeños, acuchillándolos. Luego regresó por donde había venido. Al conocerse la noticia, los palestinos lo han celebrado ruidosamente. Ahora los soldados israelíes tratan de encontrar al o los asesinos.

Ya no se trata de criminales solitarios, ni mucho menos, es todo un estado que pretende socavar el espíritu de un país instalado en su territorio por decisión internacional. Estos actos demenciales contra civiles inocentes se vienen perpetrando desde hace demasiado tiempo y no hay ninguna solución al horror.

Es repulsivo observar la alegría desbordante que sienten algunos pueblos ante estos actos. Recuerdo las reacciones festivas de países árabes después de los ataques a las Torres Gemelas.

Cuando el 11 de septiembre nuestro, el de 1973, estábamos mirando televisión. Una vecina llegó a ver. Era una jubilada reciente, alrededor de 60 años. Dieron la noticia de la muerte de Allende y la mujer se lanzó a reír y bailar alrededor de la sala, como una posesa, sin preocuparse para nada de las demás personas que allí estaban. ¿Qué tenía en contra del doctor Allende?

Pero cuando todo un pueblo tiene esa reacción ante una matanza, una se horroriza de los seres humanos.

(Antes de conocer esta noticia, mi única preocupación era qué hacer con unos huevos. Una mariposa blanca había puesto huevos al reverso de un par de hojas de una pequeña planta de espuela de galán.  Aparecerán las larvas, se comerán todas las hojas y terminarán muriendo. Ya otros años he hecho todo lo posible para adaptarlas a otras plantas, han sobrevivido una o dos, pero no han logrado llegar a convertirse en crisálida siquiera. Debo decidir: destruyo los huevos y salvo la planta o los dejo y morirán planta y larvas.)






jueves, 10 de marzo de 2011

No puedo negarlo más. El verano se termina, los días están enfriándose rápidamente.
De manera que la mejor opción es meterse en el café, a pesar de lo vacío que está. Si no fuera por Galvarino? Rolando? Fridolin? aquí deambularían las ánimas espantando a los ratones. Supongo que los hay y se comerán ese rico queso mantecoso que trae Leonor para nosotros.

A propósito: ¡Leonor, tráeme unas empanaditas de queso, por favor! Que sean con vino Antiguas Reservas de Cousiño mientras miro a Amadeo mientras toca y conversa con Rolando, ambos envueltos en una nube azul.
Leonor se abanica con el menú mientras pasa por su lado, para alejar los vapores etílicos y el tabaco. Sin embargo se ve feliz de volver a encontrarse con el poeta que, de vez en cuando, le lanza una mirada de reojo, que ella finge no ver.

Y justo ahora me acuerdo que este sábado comenzamos los ensayos de la obra de Rolando y tengo que copiar los textos que envió y aprenderme el libreto otra vez. Entonces me voy y me pondré a buscar entre los mensajes y los papeles.
Werner no está. ¿Qué estará tramando? Jorgelina no ha venido después de sus vacaciones, espero que su proyecto haya sido aceptado. ¿Qué contará Marsa, que vive en un punto tan bien situado en el mapa?
¿En qué andará Aby? (¿Lo sabremos?)

Hasta pronto



lunes, 7 de marzo de 2011

Albricias!!! De repente, tras miles de intentos se abre la puerta del Mozart y logro entrar. Leonor me echa los brazos al cuello y Amadeo se levanta y avanza con torpeza hasta mis brazos. Hermano, murmura con voz aguardentosa. Y nos fundimos en un abrazo que habla de años y cosas nuestras.
Me siento y Leonor avanza con una botella de Carmenere de Pelequen, mi pueblo añorado. Viene secándose los ojos con el borde del delantal.
Aquí me quiero quedar, con mis amados fantasmas y esperaré a que venga mi tía. Ya la he llamado, dice Leonor. Casi no hablamos, todo son susurros y risas tontas. Esas risas que a uno le salen cuando la emoción se desborda y las palabras no sirven.
Pregunto por cada una de las damas tan queridas. Aby, Elvi, Marsa y por las antiguas: Genoveva, Gigi, Maya, y tantas que algún día fueron...pues tal vez en este tiempo hayan aparecido por aqui a tomar una copa. Pregunto por Fidel y hasta indago por el recordado doctor Caligari. Cielo! ve poniendo al horno un pescadito del Pacífico. Congrio? sí, cariño. Y vamos preparar el trago ese que bebe mi tía, drambuy con algo... Aquí me sentaré a esperarla, que tarde o temprano entrará por esa puerta. Amadeo se sienta ante el piano y desgrana tembloroso las notas de la Heroica de Beethoven y siento que mis ojos de humedecen.