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sábado, 29 de octubre de 2011

Lío con la Corte Suprema

Laura, tu empujoncito me ha impulsado y ha puesto en acción el ventilador sin responsabilidad alguna de tu parte, obviamente. El silencio me ha parecido en este caso un silencio cómplice y no quiero ni por omisión ser cómplice de lo que sucede. Sin dudas estamos en otros tiempos en los cuales nadie aguanta pelos en el lomo, lo que me parece hacía falta después de la última presidencial. Sin embargo se me hace difícil con qué tema empezar: “letra chica”, la Polar, hidroaysén, la educación, anuncios de días mejores para los chilenos que sólo quedan en eso precisamente, ver la paja en ojo ajeno solamente, uf… para qué seguir,… el reiterado pregón de lo inmaculado y excelencia de unos con respecto a los otros…etc. Lo único verdadero que se dijo fue eso de “la otra manera de gobernar” que a mi juicio no ha sido mejor que las anteriores.
Lo último –que realmente “es lo último”- es el torpe diálogo sostenido por el ministro de justicia con la Corte Suprema, a propósito que este último manifiesta su deseo de fijarse en los fallos de los candidatos a ministros para resolver acerca de su nombramiento; ha dicho para colmo que se fijará en los antecedentes que se acompañan a las propuestas correspondientes, esto es una obviedad, que como se dice “lo obvio, por obvio, se calla”. La Corte Suprema ya ha manifestado su pensamiento al respecto, abriéndose así un nuevo flanco débil en el gobierno. Me parece que se ha metido el Ministro de Justicia en una camisa de once varas, lo que ya es una conducta generalizada de varios otros ministros.-

miércoles, 26 de octubre de 2011

¿Y la contingencia?

En repetidas ocasiones he entrado al café con la secreta esperanza de encontrar a algún contertulio - o mejor si es contertulia - con quien conversar o desahogarme opinando de la contingencia nacional que cada dia se agudiza mas y mas, pero me retiro silenciosamente, temeroso de lanzar la primmera piedra y evitar herir suceptibilidades que a pesar del transcurso de tiempo ya pasado aun perviven entre nosotros...

Veré qué pasa con ésto...

lunes, 24 de octubre de 2011

Herr A. viene de visita





Leonor me advierte que en la mesa me espera un señor con nombre alemán. Miro hacia el rincón y allí está. Levanta su copa de whisky con un guiño cómplice. Me dirijo a la mesa. Se levanta, saluda con un anacrónico pero familiar entrechocar de talones y advierte que no es necesario que se presente, ya que somos antiguos conocidos. Es cierto. Primero he sentido un rayo de frío recorriéndome la espalda, luego he pedido a Leonor un pisco sour triple y una porción de queso de ese tan prohibido, mantecoso, blando, invitante para equilibrar el ácido del limón.

La cara de Herr A. tiene algo de cítrico, empezando por la piel, siguiendo por la nariz insolentemente respingada y los ojos gélidos, que emanan una maldad de máscara de teatro chino. Si, esa cara la he visto por ahí. Por alguna razón que no capto, esperaba este momento como algo entrevisto hace muchos años. Su cara, su aspecto es el resumen de muchas otras que se han unido. El cabello escaso y que fue amarillo limón en la juventud, conserva trazas del color original, veteado de blanco, dándolo el aspecto de ser teñido. Los bordes de la camisa blanca están bastante deteriorados, la chaqueta luce brillante por efecto del tiempo desgastando la tela azul. No sé cómo ilustrar esta escena, quizá acudiendo a imágenes de viejos conocidos que tenían su aspecto…
Se está bien aquí (después de beber el triple de unos sorbos apresurados y de haber pedido otro). Los detalles se nublan, se parece flotar en el aire y se recuerda la frase de un médico que anunciaba una verdad:
“No se trata de resignación, sino de aceptación”.
Miro a herr A. y bebo a su salud y a la mía, aunque sea escasa la que queda.

(Todo esto se originó hace unos momentos: Estuve un buen rato pasando la aspiradora por la sala, me parecía que el aparato no funcionaba como en sus mejores momentos; tarde me percaté que no había conectado la manguera a la fuente de poder.)

Al terminar el segundo pisco sour triple, descubro que el señor alemán ha venido para quedarse.

viernes, 21 de octubre de 2011

¿Final feliz?

Ha triunfado - como era de esperarse - la conjura de USA y Europa para asesinar a quien osara rechazar el colonialismo y pretendiera que las ganancias del oro negro se mantuvieran en su país de origen. Tras varios intentos de asesinato frustrado,
incluyendo bombardeos a su residencia,
se decidió usar la gran escala: instrumentar el descontento de parte de los libios y "apoyarlos" por cielo y mar,
más poderoso armamento, con la máscara de la "protección de civiles" y
la implantación de la pretendida "democracia". A través de las opiniones que siguen a las noticias de los medios oficiales exhibidas en internet, se puede comprobar que hasta los mismos norteamericanos comunes se han visto escandalizados por el hipócrita proceder de su país.

No se pretende ensalzar al coronel Gadafi y pretenderlo libre de culpas, sino recordar que el proceder de un dictador nunca le ha impedido las simpatías de USA, si están garantizadas sus ganancias.

Se dice que su cuerpo ha sido trasladado a otra ciudad, cosa que el rito musulmán prohibe. No se sabe qué ocurrirá con su funeral, esperamos que manos piadosas limpien y bañen su cuerpo, borrando las huellas del bárbaro asesinato, lo cubran con los paños rituales, y sea enterrado en un cementerio, mientras son rezadas las oraciones que corresponde, finalizando con:

Señor nuestro,  ten misericordia con él y perdónalo, sálvalo del castigo de la tumba
Perdónale sus pecados y multiplica sus buenas obras. Indúltalo, haz de su tumba un
refugio feliz. Ingrésalo a Tu divino paraíso.

Denigrar a un muerto - como se hizo con Sadam Hussein y Osama bin Laden - degrada a los victimarios más que a la víctima.




martes, 18 de octubre de 2011

viernes, 14 de octubre de 2011

De carrerita otra vez, al impulso de un manhattan, recordando este café con nostalgia (y otras cosas también)
vengo a echar una mirada fugaz al sitio, saboreando algunas galletas saladas y un par de aceitunas, mientras pasa fugaz el tiempo y se acerca el día de mañana, donde saldrán en todo el mundo las gentes que desean protestar por algo - y es tanto lo protestable - y deseos dan de unirse a esa cadena humana que por difundida ya no se sabe a cuáles interesses sirve y a donde va realmente. ¡Salud por lo que sea! mientras Amadeo, sin hacer caso de los rumores de afuera, inicia una de sus melodías, ajeno al tiempo y a las inquietudes que estallan detrás de la puerta.

domingo, 2 de octubre de 2011

PREPOSTJUICIO

Mi abuela y su segundo marido alemán (el primero también lo era)


No me cabe duda alguna que usted, mi estimado Fridolin, habla el alemán con el más dulce de los acentos, que pronuncia como un río de miel esas palabrejas kilométricas que son como un imán que atrae a las otras y las deja pegadas y que siempre le puede agregar otros términos más. También estoy de acuerdo en que el español que habla la mayoría de los españoles es duro y cortante, que siempre parece que están dando órdenes e imprecando a los demás. Y en eso son muy parecidos a los alemanes. Intento acostumbrarme al sonido, acabo de desenterrar un libro sin tapas que al abrirlo, deja caer escamas de papel por todos lados; es de Rilke de quien dicen que usa ese espantoso idioma en forma especialmente musical. Trataré de leerlo en voz alta aunque tropiece con la marea de consonantes, para ver si logro superar el cuero de gallina que me produce.

Quizá en Berlin ya no quede  ese tipo de alemanes a los que me refiero, pero en el sur si los hay a montones como se puede ver en los noticieros. Por extraña circunstancia, mis amigas más cercanas han sido alemanas o hijas de. No sé la razón de mi prejuicio y ya dudo  que se trate de eso, es simplemente una alergia contra la cual intento oponer algún antihistamínico de fabricación propia.

En cuanto al vino, estoy bebiendo un gewürztraminer que se produce aquí y es el blanco que prefiero para
tomarlo solo, aunque ahora le he pedido a Leonor que me traiga queso mantecoso y galletas saladas, aprovechando que lo que consuma en el Mozart no me sobrecargará las ya casi obstruidas arterias.
(Oh, qué detalle vil, es la realidad que se cuela por debajo de la puerta).

Liebe Fridolin, cuando vuelvas a Chile, me encantaría escucharte hablar el idioma aquel...