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domingo, 8 de junio de 2014

La blusita de Hallowen






El último recurso para ponerme algo seco mañana es planchar la tenebrosa blusita negra, de esas cosas horribles que una compra porque están a precio botado.  Pero, qué difícil es comprar ropa…eso de recorrer esas ridículas “grandes tiendas” de las poblaciones pobres, con su asqueroso surtido de saldos de años atrás, tallas gigantescas y colores imposibles. Ocurre que no hay guardarropa apropiado para gente en deterioro físico, deformaciones de la columna por artrosis y muchos etcéteras, porque al final tod@s terminamos convertid@s en viejit@s chic@s y aparte de usar túnicas tipo carpa para las de ruedo importante, no hay nada que una eligiría por gusto.



O sea, dentro de las peticiones que periódicamente publican los mayores, hay que agregar la condición que el comercio se preocupe del vestuario de nuestras contemporáneas. Hace años, mi amiga Luisa, tras la desoladora realidad de las tiendas, partió a su país de origen con el casi único fin de aperarse para el año. Como la recontra mayoría no podemos hacerlo, no queda otro recurso que programar una marcha estilo Tunick por el centro de la ciudad. Por razones obvias, habrá que esperar el verano…