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viernes, 28 de septiembre de 2012

EL CAFE DE LA ESQUINA








Enrique Darío leyendo un poema de la vecina de mesa. Al frente, la botella de chicha


Les cuento que nos reunimos un grupo en el mentado nuevo café, instalado en el encuentro de las calles Descubrimiento con Fantasía. Tiene un dueño, que no es de Graz, sino de algún lugar de California y la chica que atiende es bastante menor que Leonor y con el opuesto colorido. Parece que no existe un Amadeo titular, sino que el o la pianista puede ser quien se anime a encantar el instrumento. Pero la música está muy presente, una violinista y un acordeonista en un duo bastante afiatado.
Pensé que no llegarían todos los invitados, por tratarse de una cita en un lugar desconocido, sin embargo la curiosidad venció a la desidia y la mesa más grande del lugar se nos hizo pequeña.
Había pedido que llevaran textos para leer y nadie se hizo de rogar, incluso un par de varones se mandó su numerito de tango-bolero o algo parecido.
No teníamos la menor idea de los brebajes que nos brindaría la casa y, por si las moscas, Enrique Darío apareció con una botella de chicha de su propia y personal cosecha, para acentuar la cercanía del Dieciocho. La alternamos con excelente café, té escogido y algunas especialidades dulces.
Tuvimos que retirarnos ante la llegada del plato fuerte de la noche: un grupo de cueca que venía con su propio público.
En resumen, un sitio en el cual varios de nosotros habíamos pensado, sin que nadie llegara tan lejos como intentar materializarlo. Pero aquí está y lo aprovecharemos.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Horror al vacio



Por eso vengo hoy a echarle una mirada a este café. Con la ayuda de una caipiriña con mucho limón y sin pensar en las palabras, sino en un echarle para adelante no más. Primavera en el hemisferio sur, días fríos, días cálidos, días resfriados y proyectos para el año próximo. Pocas ganas de ver gente real, más ganas de gente que flota en el aire de lo posible, problemas de todos los días concentrados. Insomnios largos, esperadas madrugadas que traigen el obligado levantarse y andar. Labores rutinarias que hagan olvidar, minutos que hagan agradecer el estar viva. Todo por haber tecleado al azar algunos nombres de contemporáneas y encontrarme con que eran seguidos por la mentada sigla (Q.E.P.D.) Y una los lee con desánimo porque es bueno saber que la gente que alguna vez se ha conocido y ha dejado una huella, siga existiendo por ahí sin importar si se les vuelve a contactar o no. Es malo saber que no están ya y que ya no queden inalámbricos interlocutores posibles. Estimados amigos aún posibles, no importa que ya no vengan, sólo vale la huella que dejaron impresa en este espacio del momento vivo.
He sabido de un café real, en una esquina real en esta comuna miserable, que pretende hacer posible la idea de algunos de reunirse en un lugar amigo al amparo de un piano que alguien quizás toque alguna vez.
Iré uno de estos días para ver si es posible que encarne el sueño de un café de gente que tenga algo en común.
Les contaré lo que encuentre.
Cordiales saludos