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lunes, 4 de agosto de 2014

ISRAEL - PALESTINA






No haré un recuento histórico de cómo empezó todo pues hay información suficiente para quienes no hayan sido testigos – aunque lejanos – de los primeros tiempos de la formación del actual estado de Israel. Entonces, también hubo quienes opinaron que dicho estado debía fundarse en territorio alemán, ya que había sido Alemania la causante del Holocausto, y Europa el continente que los había perseguido a través del tiempo. Sin embargo, la situación se consideraba injusta para los alemanes que serían despojado de su territorio y reubicados en tierras no precisamente despobladas.
¿Dónde entonces? En colonias europeas, por cierto, en sus tierras de origen. Sabemos que compraron terrenos a los ocupantes árabes y etc. Me pregunto si podrían comprar buena parte de la Patagonia con mucho terreno disponible e instalarse allí. No podría negarse que los habitantes originales tendrían que ser desplazados a otro lugar. Eso sería al comienzo como un enclave de un grupo cerrado dentro del territorio chileno, argentino o de ambos. Una especie de Colonia Dignidad a mayor escala. Asunto peliagudo. Imagino la ola de reacciones contrarias de ambos países latinos o de todo el continente. Ya los chilenos han opinado bastante sobre los “ocultos” propósitos de los turistas de Israel, la brusquedad o malos modales de estos  soldados en vacaciones en gran número. No se puede negar que podría ser una puerta de salida a las actuales deudas de Argentina, pero no a semejante precio, suponemos. De todas maneras, no hay duda que de realizarse tal proyecto, el empuje y tesón de los ciudadanos judíos lograría producir un cambio notable en esa región.

Ahora pensemos en el pueblo árabe al que le es impuesto  por la fuerza una expropiación de “su” terreno. Allí convivían ya judíos en pequeño número, cristianos y musulmanes. Pero la llegada masiva de judíos desequilibró la aparente armonía, pues fundaron un estado.
Y comenzaron las hostilidades hacia el “invasor”. Éste formó un ejército poderoso y ganó las batallas, obteniendo mayor territorio.

Lo especial del asunto es que judíos y musulmanes profesan religiones paralelas. Cada pueblo es el elegido por su dios – el verdadero – y según la interpretación que hagan de sus respectivos libros sagrados, su enemigo mortal es “el otro”. No comen carne de cerdo, las mujeres deben cubrir sus cabellos y sus seguidores más fanáticos consideran a la mujer como un ser inferior que debe permanecer oculta para no despertar la lubricidad de los varones, quienes se sienten compelidos a violar a cada fémina que no se resguarde con una carpa portátil .  

En cuanto a la destrucción del arma oculta de Hamas, la red de túneles, ha tenido altísimo costo: la vida de muchos civiles de todas las edades para llegar hasta ellos, y aún parece incierto que se logre desbaratarlos por completo. Son arma peligrosa, ya fue usada con éxito en Vietnam. Otro armamento de enorme importancia es que la muerte en combate o
actuando como bomba humana, harán entrar al guerrero de inmediato “ en los jardines del paraíso, bajo la sombra de los árboles, donde a sus pies corren los ríos, mientras los sirven jóvenes vírgenes jamás tocadas por hombres o demonios”.
Nadie duda que el conflicto habría sido provocado por Hamas y la reacción de Israel era esperada por ellos, pues les ha servido para ganar la simpatía mayoritaria a su causa y la propaganda de los medios y las redes sociales es vital.
Tampoco a  nadie debe extrañar el apoyo de EE.UU. a Israel, pues es su más seguro aliado en medio del mundo musulmán: el nuevo enemigo cuyo “fantasma recorre Europa”, lo que se apresuran en mostrar ciertas agencias informativas para fomentar el odio hace el nuevo invasor.
Invasor que parece tener algún éxito entre los jóvenes con ascendencia musulmana y también ex cristianos.
 ¿Podrían los estadounidenses censurar a sus aliados, luego de la serie de genocidios perpetrados por su ejército en tantos países?

Ahora parece que los musulmanes planearían actuar como lo hicieron los católicos durante buena parte de su existencia y en todo el orbe.
De lo que se desprende que en lugar de decirse que la religión es “el opio de los pueblos”
mas adecuado sería decir que es el ají rocoto de la mollera y el orto de los pueblos, sobre todo de quienes están más a tono con el creciente nacionalismo derechista.

El mayor daño de este conflicto ya está hecho – se espera –pero ¿cómo justificar el desproporcionado  derramamiento de sangre  causado en prevención de una amenaza pendiente?