sábado, 1 de agosto de 2009



Dicen que las mujeres tenemos la cualidad de hacer varias cosas a la vez. Me "tocaba" hacerlo en mi trabajo (hace tantos años), pero ya lo tengo totalmente fuera de alcance. Las pocas facultades que apenas conservo, no la incluyen.
El café tiene un nuevo decorado (al menos para mí, no te enojes, Galvarino). No están los viejos muebles, hay otros, de líneas simples, livianos. Se remataron las viejas sillas Thonet y los cuadros, ahora hay cuadros cinéticos de Matilde Pérez y un par de esculturas de Carlos Ortúzar. Hay un nuevo garzón, que sólo aparece cuando lo amerita la concurrencia.
Y también hay - a mi pesar - un ubicuo, insoportable perro, capaz de traspasar el límite entre lo real y virtual. Gime, ladra y exige atención, rascando el muro del escritorio. Intento espantarlo bebiendo una cerveza muy fría.
Por esta semana solamente, hay un pianista reemplazante. Se trata de otra intromisión de la realidad en la forma de un músico aficionado que llegó desde la lejana Varsovia y fue uno de los fundadores del Club de Jazz de Santiago, tuvo un estupendo programa radial sobre jazz y como es excelente pianista, por aquí se ha dejado caer, con el mismo entusiasmo de sus años mozos.
- Leonor, otra cerveza, bien helada. (Recordar ese club me ha subrayado el alcoholismo. No es que ahora no exista. El problema es que ha cambiado la gente y es muy pesado el traslado hacia aquellos lares donde ahora funciona).
Me voy antes que termine la música.
Buenas noches

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