lunes, 9 de febrero de 2009

Buenas tardes a todas y todos! son las 15.08 y no veo a nadie por acá ¿Será que todavía no se levantaron? entonces les voy a contar una que:

...Pasaron algunos años, pocos, y Miquel solo pensaba en Dana, su amor era más fuerte que su voluntad, intentaba cruzarse con ella “por casualidad”, verla lo matenía vivo.
Un día se decidió. Llegó hasta la puerta de su casa y tocó el timbre. Tomaron café juntos y conversaron en la cocina durante horas. En la puerta de la nevera, adeherida con un pequeño imán, había una foto de ellos, Miquel y Dana, con las bicis, rodando por una carretera de Mallorca, era el mes de febrero de hacía algunos años y los almendros habían dado a luz a millones de flores blancas y rosadas. Miquel no dudó más, ¡Ella lo había estado esperando todos esos años! .
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Es lunes y hay mercado; Dana sale de su casa. Recorre los puestos con esa alegría que la caracteriza, los colores de los frutos se reflejan en sus ojos color miel; respira con placer el rojo de las manzanas, el naranja de las mandarinas, el violeta de las berenjenas, ellos recorren su cuerpo por dentro llenándolo de fuerza y paz a la vez.
Miquel estuvo en su casa esta mañana. Le contó que después que lo despidieran de su trabajo, se sintió ahogado, necesitaba evadirse, en casa se sentía fatal, no soportaba a Elvira, ni siquiera a los niños. Así que decidió tomarse un descanso y se marchó a recorrer Vietnam en bicicleta. Tres meses. Allí se sintió libre, dueño del mundo. El dinero de la indemnización le bastó justito.
Total, el sabía que los padres de Elvira ayudarían con los gastos, seguro que no les faltaría nada. Cuando regresó se dedicó a pintar al óleo. Desde niño había tenido esa vocación y ¿por qué no aprovechar ahora que estaba en el paro? Decía, ¿qué mal hago? no bebo, no soy jugador, no salgo con mujeres... Elvira y él ya no dormían juntos, a pesar de que ahora sí había sitio en la cama. (Mientras estuvo ausente, su mujer había reaccionado y empezó una dieta y ejercicio y había recuperado la silueta.)
-¡No entiendo por qué me abandonó, y además se llevó a los mellizos!-le decía a Dana.
Cuando Elvira se marchó, él tuvo que buscar trabajo. Por suerte lo encontró en el Café Mozart. Pidió al dueño que le pagara el sueldo en negro, no fuera a ser que le descontaran la manutención de los niños.
Está feliz junto a Dana que va por el mercado respirando el color de las frutas... Fin. (Ah... mi suegra murió en el ínterin.)
¡Un abrazote a todas y todos!

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